Hacía muchísimo tiempo que quería una baraja de tarot. Una de estas guapas, con rebordes dorados, del clásico tarot de Marsella. ¿Sabíais que hay muchísimos tarots distintos? Hay uno con ilustraciones de Giger, otro de Luis Royo, etc., pero en este asunto prefería ir por la vía clásica, porque la magia y el espiritismo se legitiman gracias a su antiguedad.
El caso es que jamás me he comprado una baraja de tarot. Siempre entro en las tiendas, me río de todos los libros absurdos que se publican sobre la Wicca (y no debería reírme, todo hay que decirlo), y al final salgo con las manos vacías, porque son muy caros y me parece estúpido gastarme las pelas en algo así. Me las he gastado en otras muchas chorradas, pero la espinita del tarot la llevo clavada desde hace muchos años ya.
Pues estaba el otro día vagando por internet, y me dije... ¿Y si encuentro un tarot entero en imágenes? Pues me lo imprimo, y así ya cumplo mi pequeño sueño. Me puse a la búsqueda, y al final encontré un tarot de Marsella enterito. Era bonito, pero no lo
bastante bonito. Así que ya empezó mi momento de enajenación mental. ¿Y si me hago yo mismo un tarot?
Lo primero que pensé fue en hacerme un tarot con imágenes de pintores del renacimiento, pero entonces se perdía todo el simbolismo, así que decidí que, ya que tenía todo el tiempo libre del mundo (los que me conozcan detectarán la ironía en esta frase), podía dibujarme yo las 72 cartas que componen una baraja.
En fin, todo esto era para enseñaros las tres que tengo terminadas ya (en total, he hecho ya seis dibujos), por si alguien quiere darme su opinión o mandarme a la mierda, que todo es bienvenido. Las cartas guardan parecidos con las originales, mantienen el simbolismo dentro de lo que cabe, pero los personajes forman parte del universo personal-gótico de mi adolescencia (sacerdotisas de Arachnos, niños-gusano, un emperador decrépito) que creé para un cuento hace ya varios años. Con los 69 Eyes de fondo, este fue el resultado:

