sábado, 16 de febrero de 2008

Me soltaron


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Me soltaron en un lugar extraño. Respirar duele y el aire está muy frío. Tan frío que arde. Como coger un pedazo de hielo con las manos. Y los gusanos se mecen al viento. Yo, que estaba tan contento, en un sitio donde no pasaba el tiempo. Donde podía aguardar encogido. Abrazándome a mí mismo para siempre.
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Me soltaron en un lugar extraño, y nadie me preguntó si quería estar allí. En ese sitio había muchas cosas. Había sirenas que me llamaban incitantes, y ruidos, y música. Y risas que eran agradables y otras que no. Y un millar de respiraciones acompasadas. Pero también estertores. Y de vez en cuando, incluso silencios. Ausencias.
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Me soltaron en un lugar extraño y a todo el mundo le parecía lo más normal del mundo. Germiné y eché raíces en el suelo, que es lo que tenía más cerca. Tenía que llorar para que todo el mundo supiera que no estaba muerto. Yo, que era tan feliz cuando no era nadie. Cuando lo único que se esperaba de mí era todo, pero yo aún no tenía que hacer nada.
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Me soltaron en un lugar extraño y esperaron que aprendiese sus extrañas costumbres. A acercarme al cielo usando sólo dos pies, y eso que incluso la esperanza andaba ya con muletas. A usar músculos que no sabía dónde estaban. A rezar por gente que no conozco. Me obligaron a soñar, que es la tortura más grande que la naturaleza pudo inventar.
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Me soltaron en un lugar extraño y ahora me piden que le busque sentido. Prefiero ser indefinido. Prefiero no perfilar nada, ser sólo un boceto.
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Enhorabuena.
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Soy un niño.
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Por eso me gusta tanto dormir. Para escaparme de aquí un ratito.
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No hay quien aguante esto veinticuatro horas seguidas.
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domingo, 10 de febrero de 2008

Cloverfield (Monstruoso)



Quería esperarme a ver Rec para escribir una crítica conjunta de las dos películas, pero estoy viendo que pasan los días y cada vez me da más pereza verme la última de Balagueró. Así que antes de que desaparezca de cartelera, recomiendo encarecidamente a todos que os gasteis los cuartos en ver Monstruoso: si sois como yo, no os va a decepcionar.


Cloverfield no es una película, sino un espectáculo de luz y sonido, una atracción de un parque temático. La sala de cine no se mueve, pero podría (si vais a verla al Kinépolis, ganará muchos puntos). Tampoco es que tenga un guión de verdad, y los personajes no son nada interesantes, y los diálogos son bastante tontos, y lo que hacen los tipos a lo largo de los 90 minutos de cinta es, como poco, apenas creíble.


Cloverfield es una mezcla entre Godzilla y la Bruja de Blair, nada más. Pero si vosotros, como yo, quisisteis que al salir del cine después de ver El Día de Mañana existiese de verdad el calentamiento global, entonces disfrutaréis con ella. Muchísimo. Porque después de los primeros créditos uno empieza a participar en la historia, desde dentro. Todos y cada uno de los espectadores estábamos caminando por las calles de Manhattan, sobreviviendo a las explosiones, trepando a los edificios y tratando de mantenernos con vida ante una criatura gigantesca y un tanto Cthulhuniana que lo está arrasando todo.


El nivel de realismo que han conseguido es increíble. Cloverfield da vértigo. Si alguien ha tenido el más mínimo interés en la película (muchos lo habrán perdido con la traducción española. "Monstruoso" suena a cachondeo) que no espere a que salga en video. Se perdería toda la experiencia que, por seis euros, merece de verdad la pena. Y por doce también. A ver si vuelvo.

jueves, 7 de febrero de 2008

Milenarismo

En Sabah Nur (alias Apocalipsis) observa con satisfacción su obra: una nueva peli española del siempre original género de la comedia costumbrista... ¿o tal vez del drama social?


A mí el milenarismo me llega un poco tarde. Es que oiga, hablar del Apocalipsis sin haberlo experimentado es el colmo, porque igual no es tan malo como dicen. Ahora que lo llevamos sufriendo unos cuantos añitos pues ya sí que tiene sentido quejarse. Aunque no valga para nada da gustito, como suele pasar con tantas y tantas cosas.

El Apocalipsis es un bicho feo con muchas caras. Como intento rebajar el nivel de crítica política y social de este blog me centraré en las caras estúpidas del Apocalipsis, las que quizá no sean tan importantes. Hambre en el mundo ha habido siempre, pero la decadencia del cine y de las artes es general es algo que, comparado con el tiempo que lleva existiendo nuestro querido planeta Tierra (unos seis mil años según el bueno del obispo Usher, que añade además que fue creado la noche de un 23 de Octubre) tiene dos días.

Aun así no me gustaría subestimar su importancia, porque más o menos las artes vienen a definir el nivel de estupidez de la población. El arte, que decía Ortega y Gasset, es para uso y disfrute exclusivo de los egregios. "Egregio" traducido a nuestro tiempo significa gafa-pasta, para que nos entendamos.

Los vanguardistas del Apocalipsis defienden lo minoritario, la pincelada casual en el lienzo que se yergue con arrogancia, pretendiendo contener en sí misma un sentimiento, o un cúmulo de ellos, o la situación de Palestina, o el universo mismo. Tengo fobia a exacerbar lo pretencioso en el arte, porque considero que la genialidad es algo que debería mostrársenos de forma casual. La foto de la vulva de una mujer no es el "mundo". Es una vulva, proteste quien proteste. Este arte de desterrados del mainstream (desterrados con un sueldazo, pero eso no lo dicen ni las malas lenguas) tiene que competir, en inferioridad de condiciones, con el gigante decadente de "lo comercial". "Lo comercial", traducido a nuestro tiempo es "lo americano". El vocabulario del Apocalipsis es un poco diferente.

Arte moderno en las calles de Madrid: ¿Es un pájaro, es un avión? ¡Mediten, mediten!


De estos artistas desterrados tampoco vamos a hablar mucho. Sólo vamos a decir que se han construido un bonito castillo al margen de la sociedad (o eso se creen ellos) y desarrollan su arte para una minoría culta y versada. No intentan llegar al gran público porque son una multitud ruidosa y poco educada, por no decir además que sus gustos son caprichosos y es muy difícil mantenerse arriba dos días seguidos sin ser desbancado por un nuevo producto.

De Hollywood podemos escribir una necrológica. En 1993 moría El Último Gran Héroe, dos años después que el Último Boy Scout. Los Dos policías Rebeldes no son ni tan malos ni tan rebeldes como lo era el entrañable equipo de Arma Letal. Ahora Mel Gibson se dedica a la comedia histórica (La Pasión de Cristo) en lugar de a las carreras de coches de Mad Max. Schwarzenegger se emplea a fondo en la política, siendo sustituido en el celuloide por Vin Diesel, el gigante de cartón piedra del nuevo milenio. Ya se decía en La Jungla 4.0, de nuevo con Bruce Willis (reformado después de convertirse en un auténtico fantasma durante unos años con El Sexto Sentido): John McLane es un dinosaurio, y no puede luchar contra las nuevas tecnologías.

Estas tecnologías vienen cogidas de la mano de George Lucas, el hombre que digitalizó la galaxia y que encima instauró el género cinematográfico con nombre propio de las precuelas. Me imagino a Randy en su clase de cine tratando de decidir si existe hoy por hoy alguna precuela que supere a la original. Y esto me lleva a la revitalización del género de terror adolescente, que tras la caída en picado de Kevin Williamson y los pinitos de un maestro como Robert Rodriguez en The Faculty ha producido más de una tonelada de carne en mal estado para videoclubs de barrio. Además, la invención de los videoclips y su introducción en lenguaje del cine, de la mano (probablemente existan otros precedentes) de Alex Proyas en el Cuervo nos han proporcionado más de un dolor de cabeza ante tantos colorines y giros de cámara.

"Dewey, ¿nos vamos a ver la de Tuno Negro?".

"No sé, Randy... creo que los tunos ya están muy explotados en el género del terror adolescente".


En el Apocalipsis nos han quedado las rentas de las dos últimas décadas. Quentin Tarantino, el dios de los collages, es un hombre de los noventa (atrapado en otras épocas). Mientras, seguimos quitándonos el sombrero frente a David Lynch (eso sí, un sombrero rojo que a veces es un gorro y otras un teléfono). Woody Allen ignora todo este holocausto y sigue empezando cada una de sus películas con esa musiquita jazz de regustillo a Chet Atkins, y contándonos la misma historia una y otra vez (afortunadamente, es una buena historia). Y entretanto los Aliens combaten a los Predator en una lucha que cada vez se nos antoja más interminable.

Además no entiendo el Nu-Metal, ni el Dance, ni el HipHop, ni el Reggaeton. Si los Sex Pistols se hubiesen dado cuenta de que bajando un tono la sexta cuerda de sus guitarras eléctricas podrían haber tocado quintas con un sólo dedo otro gallo cantaría. Y como aprender a tocar un instrumento es algo muy complicado es mejor simularlo, pero como también es muy difícil, es mejor reiterar los mismos cuatro segundos para fraguar temas de duraciones dignas del rock sinfónico más ochentero. ¿Por qué el grunge pasó de moda tan rápido, si era lo último digno que nos quedaba por inventar?

Un disco de Regaetton romántico. Romanticismo es justamente lo que sugiere la piba de la carátula. ¿Habrá porno duro con enanos dentro?

Ante tanta farsa lo mejor que podemos hacer es volver a los orígenes y salvar las cenizas. Retomar las guitarras resonadoras y reinventar la música de los bluesmen negros del Misissipi con sabor a country como ya hace Eric Sardinas. O escuchar discos antiguos. Gracias a dios (y al MP3), la música no envejece.
El manga ha sustituido a cualquier otro tipo de cómics en las estanterías de las tiendas especializadas. Por cada tres productos buenos que salen al año aparecen cientos de shojos infumables. Todos los escritores egregios imitan a José Saramago. Todos los escritores de barrio imitan a Bukowski y Raymond Carver. La ciencia-ficción sobrevive a duras penas en la sección de bolsillo de la Fnac, pero es mucho más interesante hoy vivir el pasado y desentrañar el Enigma DaVinci o el Código de los Merovingios, o descubrir a El Último Templario, y así de paso aprendemos algo de historia. Pocos sospechan siquiera que se aprende más historia con la buena ciencia-ficción que con la mala novela de enigmas-históricos.

Los dinosaurios: Inventados para una época en la que no pueden sobrevivir.

Pues eso, en definitiva, que me he vuelto milenarista. Será porque la huelga de guionistas me ha dejado (de momento, esperemos) sin esas series de televisión magníficas como House M.D., Héroes, Prison Break o Lost. Un formato televisivo con sus raíces en el nuevo milenio. Como las últimas películas de Pixar. O como Jack Sparrow en Piratas del caribe. O como los mejores discos de 69 Eyes. Una de cal y otra de arena.

sábado, 2 de febrero de 2008

La Decadencia del Sabio



La vida es un paréntesis entre espacios en blanco. Así lo creen algunos, y yo voy a guardarme mi opinión al respecto por una vez. En el breve suspiro que tenemos hay tiempo para muchísimas cosas, pero no para todo. La maldición de Melmoth no sería tan desagradable para una persona con suficientes hobbies, pero en los tiempos en los que se escribía novela gótica, el concepto de ocio estaba todavía en pleno desarrollo.


No hay tiempo para todo, como decía, y es por eso que debemos elegir. Si queremos ser virtuosos de la guitarra o los mejores gimnastas del mundo tenemos que empezar a practicar apenas se nos ha caído el plumón. Yo en esa época, como sin duda la mayoría de vosotros, estaba viendo los Power Rangers y comiendo bollycaos, y estas cosas me estresaban bastante menos de lo que lo hacen ahora. Mis padres (como probablemente muchos de los vuestros) intentaron motivarme apuntándome a un montón de extraescolares de diverso pelaje, y probablemente a vosotros, como a mí, os fastidiaba un poco porque os perdíais el capítulo de Fraggle Rock o de Campeones que echaban por la tarde.


Se preguntará el lector, y con razón... ¿dónde está el sabio del título? Pues ahora mismo en ninguna parte. Me consta que el arquetipo del sabio era una cosa de antaño, un tipo con gafitas y barba desmañada que lo mismo escribía sobre naturaleza, que sobre filosofía, que te hacía un tratado de política o te escribía una crónica. La especialización laboral estaba en pañales, y el sabio era un hombre para todo. En otras palabras: un profesional de la cultura.


Hoy todo ha cambiado, y al que está especializado en política comercial no le hables de comercio político. No te va a entender. Nunca se me olvidará un día que estuvimos haciendo botellón debajo de una estatua de Franco (lo resalto por lo singular del asunto), con unos tipos que no conocíamos mucho y que estudiaban agrónomos. En determinado punto de la conversación empezamos a hablar de Feuerbach, no sé a santo de qué. Los chicos se quedaron muy sorprendidos y nos preguntaron que si todos estábamos en la carrera de filosofía. Cuando les dijimos que éramos un mestizao de estudiantes de historia, filosofía, biología y bellas artes, no cabían en sí de asombro. Definitivamente, ya no existen sabios. Pero esto tiene sentido.


Cuando la cultura estaba monopolizada por las élites, cualquiera que supiera algo ya sabía mucho. No existía la competencia. Ahora bien, hoy día casi todo el mundo tiene unas seis horas al día para rascarse el ombligo o ejercitar sus aficiones (esto es básicamente lo que sustenta la economía, pero es mejor no empezar a cruzar temas que nos perdemos). ¿Conclusión? Que el que dedica todo su ocio a ejercitarse en una habilidad o talento especial acaba siendo un monstruo. Dicha gente tiene las cosas muy claras desde el principio (yo quiero ser estrella de rock, yo quiero ser programador de videojuegos, yo quiero ser bailarina de ballet, etc). Muchos se quedan en el camino (muchísimos), pero muchos otros cumplen su sueño. Constancia, firmeza y aprender a centrarse en una sola cosa, esa es la clave. No son sabios, pero son los maestros de su disciplina, que es más que mucho.


A su lado estamos la gente como yo, culos inquietos que no se rascan el ombligo pero que se dedican a una y mil cosas, porque el mundo les fascina. Los sabios del nuevo milenio, con muchísimo tiempo libre (gracias a dios la juventud se dilata con la edad) y ganas de invertirlo en el enriquecimiento personal, en el ejercicio de su inteligencia o en sus perspectivas artísticas. ¡Pobres sabios del nuevo milenio! No saben que están siguiendo una senda que les conduce indefectiblemente a la mediocridad, y que serán criticados por todos los dioses de las disciplinas singulares que hay sueltos por el mundo.


Aquí cabe hacer una puntualización, para que nadie piense que me estoy tirando flores para irme de rositas. No estoy diciendo que yo sea sabio en el sentido estricto de la palabra, ni mucho menos. Con sabio estoy definiendo aquí una persona que, dentro de sus capacidades, intenta abarcar todo un universo de técnicas y saberes distintos, por el simple placer de lo que ésto le aporta a su vida cotidiana. Ni más, ni menos.


Decía antes que este camino es el menos inteligente para el mundo en el que vivimos. Nos separa de los idiotas y nos aleja de los genios al mismo tiempo, dejándonos en una soledad cómoda pero triste. Un ejemplo:


Llegas a una fiesta y alguien ha traído una guitarra. El sabio y el experto coinciden y se la alternan, hasta que el sabio reconoce su inferioridad y se retira humildemente, después de lanzar piropos al genio, que sin demostrarlo considera que el sabio es un intruso dentro de su mundo, al que hay mirar con conmiseración. El genio toca a Satriani y se convierte en el amo del cotarro, y el experto atina a hacer versiones de los Eagles y ve cómo su talento, que estará floreciendo toda la vida sin llegar a convertirse en flor, queda en un segundo plano ante tanta maestría y floritura.



Otro ejemplo: El mismo personaje de la anterior situación navega por Internet en busca de un foro sobre diseño en tres dimensiones. Encuentra uno muy bueno, y empieza a hacer sus cositas. Cuando las comparte con los usuarios más veteranos del foro es tachado de newbie por sus preguntas supuestamente obvias y se ve de nuevo el intrusismo. El sabio, que sabe animar un muñeco con forma de galleta de jengibre y hacerlo caminar nunca trabajará en la animación 3D; en cambio, el experto que puede hacer gestos ultra-realistas quizá pueda cumplir su sueño y acabar en Pixar. O no. En cualquier caso siempre sabrá que está pisando el podio, que se eleva por encima de los demás mortales que intentan hacerse un hueco en su campo de experiencia. Que nadie me malinterprete: un experto es un crack y sin duda merece nuestro respeto. Primar la calidad por encima de la cantidad es lo más inteligente que podemos hacer.


Al sabio le queda siempre el mismo consuelo: No toco la guitarra como tú pero hago mis pinitos en 3D. O bien: No soy tan experto con el Maya como tú, pero sé tocar la guitarra. El que más valora al sabio es el sabio mismo. Eso es una clase de onanismo inteligente. Tres hurras por el sabio, por favor.


Como una persona que ha ejercitado sus aficiones en el campo de la historia, la filosofía, los ordenadores, el cine, la música, la escritura, el dibujo, el modelado, la lectura, la astronomía, las marionetas y muchos y diversos deportes solo puedo decir una cosa. Me quito el sombrero delante del experto que va flotando sobre el suelo sin que nada parezca tocarlo. Qué le vamos a hacer, nunca seré como tú. Pero cuando alguien me pregunta que qué hago, y por qué lo hago, sólo puedo responder una cosa. No seré experto en nada, pero por lo menos hago algo.

martes, 29 de enero de 2008

Mundo Absurdo


Llevaba un tiempo ya recopilando imágenes que daban fe y muestra de los extremos más absurdos a los que podía llegar la raza geek (¡animalitos!), y con este empiezo una serie de posts que podrían ocupar dos tomos de la enciclopedia británica. ¡Atención, visitantes! pues algunas de las cosas que admirareis aquí pueden haceros perder la cordura más aún que ver al flautista amorfo de Nyarlathotep bailando la jota...

Hoy... STAR WARS!!

Empezamos nuestras andanzas con estos buzones que el propio gobierno de Estados Unidos instaló para la celebración del 30 aniversario de las películas. Supongo que acabarían como nuestro querido letrero de la calle AC/DC de Madrid (todo friki es un terroristas en potencia. Sólo necesita un motivo).

Ya podemos presumir de moda con estos tres atrevidos modelitos para nuestras mascotas:


Este pobre hombre nació en Tatooine, y alcanzó su Valhalla particular llegando al paraíso de los bikinis de metal, al que van todas las tropas de asalto al morir. En resumen: Convención/sesión fotográfica de pibas disfrazadas de Leia Slave:

Y por último, un elegante diseño tunero para nuestro ordenador. Swoooooommmm!!!

martes, 15 de enero de 2008

¡Viva San Canuto!

Este jueves se celebra San canuto y hoy todos los estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid hemos recibido el mismo email. Básicamente dice que, para salvaguardar la integridad de bienes y personas, se va a proceder al cierre de mi facultad (y de algunas otras) de 12 a 5 de la tarde. Entre esas horas, nadie podrá entrar. Eso si, los que estén dentro podrán salir.

Obviamente esto provoca la suspensión de las clases de todo el turno de tarde, causando más de un dolor de cabeza a cualquier persona que tenga que hacer un examen ese día y a esa hora (que los hay, no hay que olvidar que empieza el periodo de exámenes).

Con esta información ya debería valer. No debería ser necesario que yo me pusiera a argumentar y debatir porque, en realidad, todo está dicho. Pero puesto que sé que hay gente para todo, voy a decirlo de todas formas...

Es completamente impensable que algo así pueda ocurrir en cualquier lugar civilizado de este mundo: El cierre de un centro educativo de estudios superiores universitarios por la llegada masiva (esperada y repetida año tras año) de una multitud de personas que van a utilizar este espacio público para el consumo de una droga, y además de una droga ilegal.


Siempre pongo una imagen en mis posts para que a la gente le de menos pereza leerme. Reconozco que esta vez no me la he currado mucho...

San Canuto no es un acto de protesta para la legalización del consumo de la marihuana. San Canuto es un fiestorro con todas las de la ley, enmascarado bajo ese rollo alternativo-chupi-guay que a tantos les ha comido la cabeza. Ni me manifiesto contra el consumo de cannabis, ni contra celebrar San Canuto en sí. Lo que no me cabe en la cabeza es que los profesores y los alumnos no puedan realizar su actividad docente por su culpa.

Y digo su culpa porque San Canuto lleva celebrándose muchos años, y hasta hace pocos no ha habido altercados. Orinar en la facultad, destruir los baños públicos, entrar en las aulas o golpearse unos a otros parece que es una moda de los últimos tiempos. Es triste que tengan que cerrar las facultades, pero sus motivos tienen, que es lo peor; que no me puedo quejar esta vez amargamente de las decisiones tomadas por mi universidad.

La culpa es vuestra. De algunos claro, no de todos. La culpa es vuestra, por idiotas. Y si tengo que elegir entre celebrar San Canuto y olvidar algo entre el humo de tanto porro, o asistir a mis clases y aprender algo, me quedo con lo último. Lo ideal sería que cada uno pudiera elegir, que es lo que decís con la boquita pequeña. Pero nos habéis quitado el derecho a los demás. Por idiotas.

¡¡Joder, es que al final no me vais a dejar ni hacer pellas, carallo!!

miércoles, 9 de enero de 2008

Lord Byron y el espejo


Voy a romper una regla que me autoimpuse hace ya mucho tiempo. La regla era no publicar nada personal en internet. Ni un relato, ni un poema, ni una canción. Pero el otro día encontré en el portátil un par de esos poemas escritos en horas bajas, uno de ellos corto como un Haiku, que no tiene la cadencia ni la chispa necesaria como para convertirse en canción (que debería ser el destino de todos los buenos poemas). El poema en cuestión decía así:


Hoy todas las razones están pendiendo de un hilo,
Todos los sentimientos son títeres entre tus dedos
Cortar el sedal sería tan sencillo,
Dejar escapar ese pez plateado, y vagar libre por el arroyo,
Hasta desembocar en la inmensidad del mar

Hoy es la arena la que construye castillos de cristal,
En una playa en la que nunca he estado, que nunca he visto
Que yo me imagino que estará llena de perlas,
Y estás ausente contemplando sus brillos
Y quizá por eso el teléfono me ha retirado la palabra

Hoy ha llegado el momento de decirte adiós con la mano
Mañana dios dirá
Mañana igual descubro que tu sedal
Es la cuerda que faltaba en mi guitarra,
Y que con ese gesto de despedida,
Aún puedo tocarte algún acorde bonito


Lord Byron es uno de esos autores cuya biografía aparenta ser mucho más interesante que su producción literaria. Hombre abrumado por sus complejos, por la importancia de lo físico y lo externo, galán de la época romántica e influyente en muchos aspectos. Hoy día, el término "romántico" se ha visto despojado de todas sus connotaciones farragosas. Romántico es hoy aquél que regala a su novia una caja de bombones, o escribe el nombre de ella en el cielo. Pocos sabes que el movimiento romántico tenía un carácter rupturista, y que fue el precursor de los movimientos nacionalistas, una respuesta a la cultura de la Ilustración.

Los románticos como Lord Byron situaron la importancia en el "yo" y, como tales, adquirieron una fuerte conciencia de sí mismos. Esto, como figura literaria, se expresó como una exageración exacerbada de los sentimientos propios.

Esto viene al caso de una reflexión que acabo de formular después de haberme dado con todos los picos de la mesa que tiene la vida. La reflexión es esta, a la vez sencilla y abrumadora: Todos disfrutamos sufriendo. Obviamente, no cuando sufrimos por cosas importantes de verdad. La importancia de un sentimiento se la da cada cual, y en esto es muy difícil discutir, pero un cáncer terminal es bastante más importante que, digamos, una ruptura de relaciones. Porque hablamos de amor, que es de lo que hablaban los románticos, aunque ellos lo hicieran en un sentido mucho más amplio: amor por una mujer, sí, pero también por un lugar, por unas costumbres, amor por el simple sentimiento de amar.

Todos disfrutamos sufriendo por amor. Todos exageramos nuestros sentimientos como hacían los románticos. A todos nos gusta mirarnos al espejo y sentirnos los seres más miserables sobre la faz de la Tierra. Y es que es mucho más cómodo caer que trepar. Y cuando caemos, sentimos un vértigo muy parecido al que sentimos en lo más alto, y podemos usarlo como sustituto fácil. Se está muy a gusto al fondo.

Lord Byron decía: "Es mi destino arruinar todo a lo que me acerco", y Douglas Dunn opina que eso no es más que auto-conmiseración, máxime para un hombre que, en determinados momentos fue capaz de gobernarse, reformarse, y llevar las riendas de su propia vida. Lo mismo ocurre con personajes como Kurt Cobain o Enrique Urquijo, personas que hicieron de la tristeza su profesión, su modo de ver el mundo. Esto no debería pasarnos a nosotros, pero nos pasa. Todos somos un poco Lord Byron a veces. Todos vemos la rosa marchita antes de florecer. Todos ahogamos la esperanza al fondo de un vaso de ginebra, y le contamos nuestras penas al cenicero del bar, sintiéndonos terriblemente importantes.

"Un hombre debe hacer algo mejor por la humanidad que escribir versos". Esa también es una frase de Lord Byron. De todo lo que significó esa etapa de mi vida, sólo quedan esos versos, algunas canciones (la mayoría amargas, adios gracias muy pocas auténticamente "románticas") y una valiosa lección. Una lección que hoy por hoy me hace feliz, porque quizá la felicidad más pura es la que parte de uno mismo, la que uno mismo se auto-impone al igual que se autoimpone la tristeza. Es la felicidad de saber que se puede ser feliz por otras vías que no dependen de una persona concreta, sino de multitud de pequeñas cosas con las que la vida viene por defecto.
La vida viene de fábrica con todo eso. Viene con atardeceres, con mañanas tranquilas con tazas de café bien calentitas. Viene con sonrisas, aunque a veces haya que buscarlas. Supone retos y aventuras. La vida está para superarse a uno mismo, y sobre todo para aprender. También viene con grandes dosis de dolor, de tristeza, de traiciones y de injusticias, faltaría más. Si llevamos esas últimas a sus más grandilocuentes consecuencias, si sufrimos como no ha sufrido nadie... ¿por qué no podemos valorar también lo otro?

En el documento de texto en el que encontré el primer poema, había otros dos. El segundo de ellos llevaba por título "tu luz", y decía así:



Solía encender la lámpara de mi mesilla de noche, de pequeño
No fuera a haber monstruos escondidos bajo la cama
Era un niño asustado, ahora soy un hombre asustado
No hay mucha diferencia,
Salvo quizá que ahora sé
Que los monstruos no están bajo la negrura de un colchón
Sino en todos los demás lugares
En las calles, en los parques, en la televisión
Y aún incluso dentro de mi cabeza

Ahora busco tu luz como una polilla
Ahora que estás tendida a mi lado en la cama
Duermo tranquilo; ahora sé
Que sigue habiendo monstruos tras las ventanas
En las calles, en los parques, en la televisión
Y aún incluso dentro de mi cabeza
Pero no hay monstruos debajo del colchón
Y eso, sin saber por qué,
Me tranquiliza
Y puedo soñar en paz.

Sólo hay una cosa,
Que tal vez me desasosiegue un tanto
Y es que tu luz ha empezado a derretirme
No tendría importancia
Si uno acabase fundiéndose al otro
Pero sospecho,
Que voy a ser yo el único que se derrita contra el colchón
Y al final te marches con tu luz y me dejes solo
Soñando solo
pesadillas
en la oscuridad.

El tercer poema, el último y el más corto, decía así:

Repito el mismo verso hasta que deja de tener sentido,
Como se pierde el sentido después de la enésima copa
Ambos son sentidos prohibidos,
Excepto quizá para los poetas.

Y con estos tres poemas tontos había pasado ya por todas las fases del dolor. Y he llegado a una conclusión:

Lord Byron se pasó la vida mirándose al espejo. Lord Byron se pasó la vida mirándose a sí mismo. Deberíamos aprender todos de Lord Byron. De lo bueno y de lo malo.