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En Sabah Nur (alias Apocalipsis) observa con satisfacción su obra: una nueva peli española del siempre original género de la comedia costumbrista... ¿o tal vez del drama social?

Arte moderno en las calles de Madrid: ¿Es un pájaro, es un avión? ¡Mediten, mediten!
De estos artistas desterrados tampoco vamos a hablar mucho. Sólo vamos a decir que se han construido un bonito castillo al margen de la sociedad (o eso se creen ellos) y desarrollan su arte para una minoría culta y versada. No intentan llegar al gran público porque son una multitud ruidosa y poco educada, por no decir además que sus gustos son caprichosos y es muy difícil mantenerse arriba dos días seguidos sin ser desbancado por un nuevo producto.
De Hollywood podemos escribir una necrológica. En 1993 moría El Último Gran Héroe, dos años después que el Último Boy Scout. Los Dos policías Rebeldes no son ni tan malos ni tan rebeldes como lo era el entrañable equipo de Arma Letal. Ahora Mel Gibson se dedica a la comedia histórica (La Pasión de Cristo) en lugar de a las carreras de coches de Mad Max. Schwarzenegger se emplea a fondo en la política, siendo sustituido en el celuloide por Vin Diesel, el gigante de cartón piedra del nuevo milenio. Ya se decía en La Jungla 4.0, de nuevo con Bruce Willis (reformado después de convertirse en un auténtico fantasma durante unos años con El Sexto Sentido): John McLane es un dinosaurio, y no puede luchar contra las nuevas tecnologías.
Estas tecnologías vienen cogidas de la mano de George Lucas, el hombre que digitalizó la galaxia y que encima instauró el género cinematográfico con nombre propio de las precuelas. Me imagino a Randy en su clase de cine tratando de decidir si existe hoy por hoy alguna precuela que supere a la original. Y esto me lleva a la revitalización del género de terror adolescente, que tras la caída en picado de Kevin Williamson y los pinitos de un maestro como Robert Rodriguez en The Faculty ha producido más de una tonelada de carne en mal estado para videoclubs de barrio. Además, la invención de los videoclips y su introducción en lenguaje del cine, de la mano (probablemente existan otros precedentes) de Alex Proyas en el Cuervo nos han proporcionado más de un dolor de cabeza ante tantos colorines y giros de cámara.

"Dewey, ¿nos vamos a ver la de Tuno Negro?".
"No sé, Randy... creo que los tunos ya están muy explotados en el género del terror adolescente".
En el Apocalipsis nos han quedado las rentas de las dos últimas décadas. Quentin Tarantino, el dios de los collages, es un hombre de los noventa (atrapado en otras épocas). Mientras, seguimos quitándonos el sombrero frente a David Lynch (eso sí, un sombrero rojo que a veces es un gorro y otras un teléfono). Woody Allen ignora todo este holocausto y sigue empezando cada una de sus películas con esa musiquita jazz de regustillo a Chet Atkins, y contándonos la misma historia una y otra vez (afortunadamente, es una buena historia). Y entretanto los Aliens combaten a los Predator en una lucha que cada vez se nos antoja más interminable.
Además no entiendo el Nu-Metal, ni el Dance, ni el HipHop, ni el Reggaeton. Si los Sex Pistols se hubiesen dado cuenta de que bajando un tono la sexta cuerda de sus guitarras eléctricas podrían haber tocado quintas con un sólo dedo otro gallo cantaría. Y como aprender a tocar un instrumento es algo muy complicado es mejor simularlo, pero como también es muy difícil, es mejor reiterar los mismos cuatro segundos para fraguar temas de duraciones dignas del rock sinfónico más ochentero. ¿Por qué el grunge pasó de moda tan rápido, si era lo último digno que nos quedaba por inventar?

Un disco de Regaetton romántico. Romanticismo es justamente lo que sugiere la piba de la carátula. ¿Habrá porno duro con enanos dentro?
Ante tanta farsa lo mejor que podemos hacer es volver a los orígenes y salvar las cenizas. Retomar las guitarras resonadoras y reinventar la música de los bluesmen negros del Misissipi con sabor a country como ya hace Eric Sardinas. O escuchar discos antiguos. Gracias a dios (y al MP3), la música no envejece.
El manga ha sustituido a cualquier otro tipo de cómics en las estanterías de las tiendas especializadas. Por cada tres productos buenos que salen al año aparecen cientos de shojos infumables. Todos los escritores egregios imitan a José Saramago. Todos los escritores de barrio imitan a Bukowski y Raymond Carver. La ciencia-ficción sobrevive a duras penas en la sección de bolsillo de la Fnac, pero es mucho más interesante hoy vivir el pasado y desentrañar el Enigma DaVinci o el Código de los Merovingios, o descubrir a El Último Templario, y así de paso aprendemos algo de historia. Pocos sospechan siquiera que se aprende más historia con la buena ciencia-ficción que con la mala novela de enigmas-históricos.

Los dinosaurios: Inventados para una época en la que no pueden sobrevivir.
Pues eso, en definitiva, que me he vuelto milenarista. Será porque la huelga de guionistas me ha dejado (de momento, esperemos) sin esas series de televisión magníficas como House M.D., Héroes, Prison Break o Lost. Un formato televisivo con sus raíces en el nuevo milenio. Como las últimas películas de Pixar. O como Jack Sparrow en Piratas del caribe. O como los mejores discos de 69 Eyes. Una de cal y otra de arena.



Ya podemos presumir de moda con estos tres atrevidos modelitos para nuestras mascotas:

Este pobre hombre nació en Tatooine, y alcanzó su Valhalla particular llegando al paraíso de los bikinis de metal, al que van todas las tropas de asalto al morir. En resumen: Convención/sesión fotográfica de pibas disfrazadas de Leia Slave:

Y por último, un elegante diseño tunero para nuestro ordenador. Swoooooommmm!!!

Siempre pongo una imagen en mis posts para que a la gente le de menos pereza leerme. Reconozco que esta vez no me la he currado mucho...
San Canuto no es un acto de protesta para la legalización del consumo de la marihuana. San Canuto es un fiestorro con todas las de la ley, enmascarado bajo ese rollo alternativo-chupi-guay que a tantos les ha comido la cabeza. Ni me manifiesto contra el consumo de cannabis, ni contra celebrar San Canuto en sí. Lo que no me cabe en la cabeza es que los profesores y los alumnos no puedan realizar su actividad docente por su culpa.
Y digo su culpa porque San Canuto lleva celebrándose muchos años, y hasta hace pocos no ha habido altercados. Orinar en la facultad, destruir los baños públicos, entrar en las aulas o golpearse unos a otros parece que es una moda de los últimos tiempos. Es triste que tengan que cerrar las facultades, pero sus motivos tienen, que es lo peor; que no me puedo quejar esta vez amargamente de las decisiones tomadas por mi universidad.
La culpa es vuestra. De algunos claro, no de todos. La culpa es vuestra, por idiotas. Y si tengo que elegir entre celebrar San Canuto y olvidar algo entre el humo de tanto porro, o asistir a mis clases y aprender algo, me quedo con lo último. Lo ideal sería que cada uno pudiera elegir, que es lo que decís con la boquita pequeña. Pero nos habéis quitado el derecho a los demás. Por idiotas.
¡¡Joder, es que al final no me vais a dejar ni hacer pellas, carallo!!
